viernes, 22 de noviembre de 2013

 "ROMA TRADITORIBUS PRAEMIAT" 
        
   Moericus, el primer hispano con ciudadanía romana.


LA TOMA DE SIRACUSA.

Corre el año 212 antes de nuestra era, Siracusa, con una población que ronda los 350.000 habitantes es considerada la urbe más rica del mediterráneo, más incluso que Cartago o Alejandría.
Enclave estratégico entre Cartago y Roma, hace dos años que la ciudad-estado cambió su política de alianzas, apoyando a Cartago durante la segunda guerra púnica a cambio de un futuro control sobre toda Sicilia.
Este apoyo le ha costado a la ciudad el ataque de las fuerzas romanas desde el año 214. Tras unos primeros meses de constantes e infructuosos ataques por mar y tierra, defendida por el ingenio de Arquímedes, está sitiada por el consul Marcus Claudius Marcellus. (nota 1)

La ciudad, al límite de su  resistencia, envía embajadores al campamento de Marcellus para tratar la rendición, tras llegar a un acuerdo, vuelven estos a la ciudad donde, junto a los demás notables de la misma, deciden acabar con la vida de los oficiales leales a la causa cartaginesa que Epícides había dejado al frente de la guarnición. Después reúnen la asamblea ciudadana, donde de común acuerdo se nombra un nuevo gobierno y deciden entregar la ciudad a los romanos.

El numeroso grupo de desertores romanos que defienden Siracusa (nota 2), aterrados con la idea de ser entregados a sus compatriotas, convencen a los mercenarios de que ambos grupos correrán la misma suerte. Tras ponerse de acuerdo, mercenarios y desertores toman las armas, matando a los miembros del gobierno recién formado y, repartiéndose la defensa de la ciudad, nombran a seis jefes de manera que tres de ellos manden en la Achradina y otros tres en Nasos.

Moericus, un mercenario hispano, es nombrado uno de los tres comandantes de la Acrhadina y participa en las negociaciones con Marcellus, que dispone entre sus filas de hispanos, enviados por los escipiones con el fin de que, en los diversos frentes de la lucha, convenzan a los mercenarios hispanos de que abandonen la causa de los cartagineses y se pasen a la de los romanos. Uno de estos hispanos, Belligenus, que está en el campamento de Marcellus, es enviado a encontrarse con Moericus para que le cuente lo que ocurre en Hispania, donde los romanos ganan la guerra y casi todas las tribus se pasan a sus filas. Los romanos ofrecen a Moericus servir como jefe en sus filas o bien ser repatriado con honores, la alternativa es seguir sitiado y perecer.

Unos días después, cuando Moericus tiene a su cargo el tramo de muralla que se extiende entre la Acrhadina y la isla de Nasos, se lo hace saber a Marcellus, el cónsul hace que una trirreme de guerra remolque un barco de carga repleto de soldados a la zona defendida por éste, desembarcan de madrugada, entran en la ciudad y aguardan.
Al amanecer Marcellus desencadena un ataque masivo desde la meseta de Epipolae contra las murallas de la Acrhadina y allí se concentran los defensores, desde la isla de Nasos salen a la carrera las tropas allí establecidas para sumarse a la defensa, después, unas naves ligeras romanas desembarcan tropas en la isla de Nasos, y con ayuda de los romanos y los mercenarios de Moericus, se hacen con las posiciones siracusanas de esa parte de la ciudad sin apenas oposición. Solo resisten los desertores romanos, el resto huye dando la cosa por perdida.
Una vez que en la ciudad se sabe de la irrupción de los romanos, los defensores de la misma desfallecen, los desertores romanos, principales impulsores de la resistencia huyen o se dispersan y la ciudad abre las puertas a Marcellus y sus legiones. (nota 3)

Siracusa pasa así a formar parte de la provincia romana de Sicilia, acabando su época como estado independiente.

Gracias al control de la isla de Sicilia, los romanos desembarcarán ejercitos en África en el año 204 y, en el año 202, con su victoria sobre Aníbal en la batalla de Zama, pondrán fin a la segunda guerra púnica. (nota 4)
El suministro de grano de Sicilia fue uno de los condicionantes de la victoria romana.


MUERTE DE ARQUÍMEDES.

En la toma y saqueo de su ciudad natal, muere Arquímedes. Marcellus lamentó esta muerte, que le impidió conocer al que había contenido y atemorizado con sus máquinas y artilugios defensivos a las tropas de asalto romanas.

Así nos cuenta Titus Livius la muerte de Arquímedes:
"Entre otros muchos horribles ejemplos de furia y rapacidad, destacó el destino de Arquímedes. Queda memoria de que, en medio de todo el terror y alboroto producido por los soldados que corrían por la ciudad capturada en busca de botín, estaba él absorto en silencio con algunas figuras geométricas que había dibujado en la arena y resultó asesinado por un soldado que no sabía quién era. Marcellus quedó muy apesadumbrado y se encargó de que su funeral se llevara a cabo apropiadamente; y tras haber descubierto dónde estaban sus familiares, fueron honrados y protegidos por el nombre y memoria de Arquímedes. Tales, en lo principal, fueron las circunstancias bajo las que se capturó Siracusa, y la cuantía del botín fue casi mayor que si se hubiese tomado Cartago, la ciudad que libraba una guerra en pie de igualdad con Roma." (Ab vrbe condita, XXV 31)

Y así nos la cuenta Plutarco:
"Mas lo que principalmente afligió a Marcellus fue lo que ocurrió con Arquímedes: hallábase éste casualmente entregado al examen de cierta figura matemática, y, fijos en ella su ánimo y su vista, no sintió la invasión de los Romanos ni la toma de la ciudad. Presentósele repentinamente un soldado, dándole orden de que le siguiese a casa de Marcellus; pero él no quiso antes de resolver el problema y llevarlo hasta la demostración; con lo que, irritado el soldado, desenvainó la espada y le dio muerte. Otros dicen que ya el Romano se le presentó con la espada desnuda en actitud de matarle, y que al verle le rogó y suplicó que se esperara un poco, para no dejar imperfecto y oscuro lo que estaba investigando; de lo que el soldado no hizo caso y le pasó con la espada. Todavía hay cerca de esto otra relación, diciéndose que Arquímedes llevaba a Marcellus algunos instrumentos matemáticos, como cuadrantes, esferas y ángulos, con los que manifestaba a la vista la magnitud del Sol, y que dando con él los soldados, como creyesen que dentro llevaba oro, le mataron. Como quiera, lo que no puede dudarse es que Marcellus lo sintió mucho, que al soldado que le mató de su propia mano le mandó retirarse de su presencia como abominable, y que habiendo hecho buscar a sus deudos los trató con el mayor aprecio y distinción." (Plu.Marc.19 )

EL PREMIO DE MOERICUS.

Moericus, en premio a su traición, participará  en el triunfo celebrado por Marcellus, será el primer hispano, del cual tengamos constancia, en recibir la ciudadanía romana y recibirá en pago una ciudad y tierras.

Así nos cuenta Titus Livius el premio obtenido por Moericus:
"Marcellus celebró su triunfo en el Monte Albano. Desde allí marchó a la Ciudad en ovación. Ante él fue transportada una enorme cantidad de despojos, junto a una representación de Siracusa en el momento de su captura. Catapultas, ballestas y todas las máquinas de guerra tomadas en la ciudad fueron exhibidas en la procesión, así como las obras de arte acumuladas durante un largo periodo de paz y en el tesoro real. Estas incluían una serie de artículos en plata y bronce, muebles, costosas prendas de vestir y muchas estatuas famosas con las que Siracusa, al igual que todas las principales ciudades de Grecia, se había adornado. Para significar sus victorias sobre los cartagineses, se llevaron en procesión ocho elefantes. No resultó la menos notable del espectáculo la visión de Sosis de Siracusa y Moericus de Hispania, que marchaban al frente llevando coronas de oro. El primero había guiado la penetración nocturna en Siracusa y el último había sido el agente de la entrega de Nasos y su guarnición. Cada uno de estos hombres recibió la plena ciudadanía romana y quinientas yugadas de tierra [unas 135 Ha.-N. del T.]. Sosis fue a obtener su asignación en aquella parte del territorio siracusano que había pertenecido al rey o a aquellos que habían tomado las armas contra Roma, y se le permitió escoger cualquier casa de Siracusa que hubiera sido propiedad de aquellos que habían sido condenados a muerte bajo las leyes de la guerra. Se dio también orden para que a Moericus y a los hispanos se le asignara una ciudad y tierras en Sicilia de las pertenecientes a los que se habían rebelado contra Roma. Marco Cornelio fue el encargado de seleccionar la ciudad y el territorio destinado a ellos, donde mejor le pareciera, y se decretó regalar cuatrocientas yugadas [unas 108 Ha.-N. del T.] a Belligenus, por cuya mediación se indujo a Moericus a cambiar de bando.  Después de la partida de Marcellus de Sicilia, una flota cartaginesa desembarcó una fuerza de ocho mil infantes y tres mil jinetes númidas. Se les unieron las ciudades de Murgentia y Ergetium, y su ejemplo fue seguido por Hybla, Macella y algunos otros lugares menos importantes. Mutines y sus númidas se dedicaron también al saqueo por toda la isla y a devastar mediante el fuego los campos de los aliados de Roma. Para incrementar estos problemas, el ejército romano se dolía amargamente por no haber sido retirado de la provincia con su comandante y que no se les permitiera invernar en las ciudades. En consecuencia, fueron muy negligentes en sus deberes militares; de hecho, fue solo la ausencia de un líder lo que impidió que se declarasen en rebelión abierta. A pesar de estas dificultades, el pretor Marco Cornelio logró, mediante premios y castigos, calmar la ira de sus hombres y luego reducir a sumisión todas las ciudades sublevadas. En cumplimiento de las órdenes del Senado eligió Murgentia, una de aquellas ciudades, para asentar a Moericus y a sus hispanos." (Ab vrbe condita, Liv.XXVI  21)

El asentamiento de los hispanos de Moericus en Murgentia pudo producirse hacia el 210.
Algún tiempo después, se acuñaron en esta ciudad varias series de monedas, estas presentan una cabeza de Atenea o Minerva a izquierda o bien una cabeza masculina a derecha en el anverso y, en el reverso un jinete lancero al galope y la leyenda HISPANORVM (de los hispanos).



El precedente directo del jinete de estas acuñaciones  lo encontramos en las monedas de Hieron II, tirano de Siracusa hasta el 215, y en los dilitron de plata acuñados en Murgentia entre los años 215 y 212 con la leyenda SIKELIOTAN. (nota 5)





Existen al menos siete series con la leyenda HISPANORVM. En una de ellas aparece en el anverso una cabeza galeada a izquierda y en el reverso una victoria, en otra aparece en el anverso zeus y en el reverso pegaso, en otra más, aparece en el anverso una cabeza masculina laureada y en el reverso lo que se describe como sombrero de sacerdote.







MURGENTIA, DE MOERICUS A OCTAVIANO.
                             
No tenemos más noticias de Moericus y sus mercenarios, pero ¿Qué ocurrió con Murgentia?

Después de la conquista romana las murallas de la ciudad fueron demolidas, una vez derribadas, Murgentia, vio una disminución significativa de su importancia.
En el centro del ágora se construyó el Macellum (nota 6) y muchos edificios públicos, como el Bouleterion (nota 7), y monumentos se convirtieron en tabernae ( tiendas) y thermopolium (establecimientos donde se podían adquirir alimentos listos para comer).
La que fuera una polis, se transformó gradualmente en un oppidum romano utilizado por las diversas legiones de paso de Sicilia.

La ciudad se redujo considerablemente, pero siguió siendo un importante centro de comercio para la producción de cerámica en hornos y en especial para la producción de cereales (trigo, cebada), aceite y el vino de la famosa Murgentina tornillo.
Plinio el Viejo calificó a este vino como "el mejor entre todos los que vienen de Sicilia". Hay menciones de Cato, Columela y Plinio el Viejo de la vitis murgentina, una cepa de uva que había sido trasplantado de Sicilia a la península italiana en el siglo segundo antes de nuestra era.

En el periodo de dominación romana los magistrados monetales romanos en Sicilia hicieron acuñar, en la ceca de la ciudad sometida, denarios de plata con la representación de bigas y cuadrigas en carrera magnificando la potencia y la fuerza de Roma; en las excavaciones de la ciudad han sido encontrados, en el ágora y, sobre todo, en los grandes graneros, diseñados por Arquímedes en tiempos de Hieron II, diversos denarios de plata desde el año 209 hasta el 48 - 44.

En el vasto territorio asignado a los hispanos hubo algunas granjas de ricos siciliotas (nota 8) relacionados en negocios con senadores y équites romanos.

Al comienzo de la Primera Guerra Servil (del año 135 al 132)., Gorgo hijo de Kambalos era dueño de grandes latifundios en Murgentia. A juzgar por su nombre podría tratarse de un siciliota. (Diodoro 34 -35, 11)

En el 133 a.C. el cónsul, L. Calpurnio Pisón, logró reducir la ciudad de Murgentia, en poder de los esclavos. Ese mismo año murió en la carcel de Murgentia el esclavo sirio Euno, líder de la rebelión. (Los esclavos que caían en manos de los romanos, terminaban el el patíbulo, como los prisioneros cogidos en Morgantina. (Diodoro 36, 4, 5))

En la Segunda Guerra Servil (del año104 al año 100), Murgentia fue sitiada, y tal vez conquistada temporalmente, por los esclavos liderados por Salvio. (nota 9)

Las guerras serviles y la arbitraria administración romana, ejemplificada por Caius Licinus Verres, hicieron disminuir la vitalidad de la ciudad. (nota 10)
Durante el saqueo de Verres, entre el 73 y el 70, la ciudad sufrió el robo y el acoso.
Marcus Tullius Cicero habla de Polemarchus, un murgentino que tras haber recusado pagar 700 medimnos, fue pateado y golpeado tan brutalmente que, se comprometió a pagar 1.000.
Habla  también de tres hermanos agricultores en sociedad de la ciudad, Sostratus, Numenius y Nymphodorus, que huyeron abandonando sus campos. Apronio, el decumano de Verres les robó todo el ganado, los esclavos y las herramientas además de hacer ahorcar a Nymphodorus en un olivo silvestre en la plaza de Aetnam. (Marcus Tullius Cicero, Actionis in  C. Verrem Secundae Liber Tertivs, 56 - 57)
Cicero menciona Murgentia como una ciudad importante, con un territorio muy fértil, que producía mucho grano, pero que tras el gobierno propetoriano  de Verres "Los campos Herbitensis y Hennesis, ,Murgentinus, Assorinus, Imacharensis, Agyrinensis, estaban por su mayor parte tan desiertos, que no solo preguntábamos por la multitud de sus antiguos labrantíos, sino tambien por la de sus antiguos dueños." (Marcus Tullius Cicero, Actionis in  C. Verrem Secundae Liber Tertivs, 47)

Por último, en el año 36 , durante la guerra entre Sextus Pompeius Magnus Pius y Cayo Julio César Octaviano (Pompeyo y Octavio),  la ciudad, que había permanecido leal a Pompeius, fue completamente arrasada y su población se transfirió de manera forzosa a otros lugares en cumplimiento de un edicto de Octaviano.
Toda la zona urbana fue utilizada para el cultivo y también el nombre del lugar fue abandonado.

La mención final de Murgentia viene de Estrabón, que en torno al año 20 antes de nuestra era señala que en su época, la ciudad había dejado ya de existir. "Hasta el día de hoy los Siceli, los Sicani, los Morgetes y algunos otros han continuado viviendo en la isla, entre los que solia haber iberos, que, de acuerdo con Ephorus, se decía que eran los primeros colonos barbaros de Sicilia. Morgantium, es razonable suponerlo, fue asentada por los Morgetes; Solía ser una ciudad, pero ahora ya no existe." (Libro IV, 2, 4)

Elaboración y redacción final: 
Xavi López Jiménez
2013



NOTAS:
Este texto ha sido elaborado a partir de las fuentes que más abajo se indican.
Todas las fechas de la redacción se refieren a "antes de nuestra era".

He elegido el nombre de Murgentia, entre la gran variedad disponible para la ciudad entregada a Moericus, por ser el que aparece en las fuentes de Titus Livius y porque los habitantes son llamado por Cicerón y Plinio, "Murgentini". Aunque sea más conocida en la actualidad como Morgantina.

Así mismo he elegido el de Moericus por ser el que nos ofrece Titus Livius: (erat e tribus Achradinae praefectis Hispanus, Moericus nomine, Liv. XXV 30, 2). Aunque también es conocido como Mericus, Meric o Merico.

1 - Plutarco, en su "Parallelae, sive Vitae illustrium virorum", pone en boca de Marcellus estas palabras dirigidas a sus técnicos y fabricantes de máquinas: “¿No cesaremos de guerrear contra ese geómetra Briareo, que usando nuestras naves como copas las ha arrojado al mar y todavía se aventaja a los fabulosos centimanos, lanzando contra nosotros tal copia de dardos?” Y en realidad todos los Siracusanos venían a ser como el cuerpo de las máquinas de Arquímedes, y una sola alma la que todo lo agitaba y ponía en movimiento, no empleándose para nada las demás armas, y haciendo la ciudad uso de solos aquellos para ofender y defenderse. Finalmente, echando de ver Marcelo que los Romanos habían cobrado tal horror, que, lo mismo era ponerse mano sobre la muralla en una cuerda o en un madero, empezaban a gritar que Arquímedes ponía en juego una máquina contra ellos, y volvían en fuga la espalda, tuvo que cesar en toda invasión y ataque, remitiendo a sólo el tiempo el término feliz del asedio." (Plu.Marc.17 )


2 - Antes de comenzar la guerra había unos 4000 desertores del ejercito y de la flota romana establecida en Sicilia, que se habían refugiado en el territorio siracusiano, más o menos neutral. En la toma de Leontino en el 214, Marcellus, aunque perdonó la vida a sus habitantes, ejecutó a 2.000 desertores romanos que se encontraban entre las tropas que formaban la guarnición de dicha ciudad.

3 - "Los embajadores regresaron de su entrevista con Marcelo justo en el momento adecuado, y pudieron asegurarles que sus sospechas eran infundadas y que los romanos no veían motivo para castigarles. Uno de los tres comandantes en la Acradina era un hispano llamado Mérico, y se había designado a un soldado de los auxiliares hispanos para que les acompañara. Cuando hubieron entrado en la Acradina, este hombre obtuvo una entrevista privada con Mérico y le describió la situación en Hispana, que había dejado recientemente, y cómo todo estaba bajo el poder de Roma. Si Mérico prefería ponerse a disposición de los romanos podía ser uno de los jefes entre sus compatriotas, y prestar servicio bajo los estandartes romanos, o regresar a su propio país, a su elección. Pero, si por el contrario, elegía proseguir bajo asedio, ¿qué esperanza le quedaba, encerrado como estaba por mar y tierra? Mérico quedó impresionado por la fuerza de estos argumentos, por lo que decidió desde luego mandar embajadores a Marcelo, con su hermano entre ellos. El mismo soldado hispano le llevó ante Marcelo. En esta entrevista se resolvieron los detalles y Marcelo se comprometió a cumplir con las condiciones, tras lo que los embajadores regresaron a la Acradina. A fin de evitar la más mínima posibilidad de sospecha, Mérico hizo creer que desaprobaba el ir y venir de los embajadores y dio órdenes para que no se dejara entrar a ninguno ni se enviase a nadie. Además, con miras a una mayor seguridad, pensó que la dirección de la defensa se debía repartir apropiadamente entre los tres comandantes, de manera que cada uno fuera responsable de su propio sector de las fortificaciones. Todos estuvieron de acuerdo. En la división, su mando se extendió desde la fuente de Aretusa a la boca del Gran Puerto, y se las arregló para que los romanos lo supieran. Así pues, Marcelo ordenó que un buque mercante cargado de tropas fuese remolcado por un cuatrirreme hasta la Isla, y que los hombres desembarcaran cerca de la puerta junto a la fuente. Esta orden se cumplió en la cuarta guardia [sobre las dos de la madrugada.-N. del T.] y Mérico, tal como se había dispuesto previamente, dejó entrar a los soldados por la puerta. Al amanecer, Marcelo atacó la Acradina con todas sus fuerzas y, no solo aquellos que efectivamente la custodiaban, sino también las tropas en Nasos, abandonaron sus posiciones y corrieron a defender la Acradina del asalto romano. En la confusión del ataque, algunos barcos rápidos que habían sido desplazados rodeando Nasos desembarcaron tropas. Estas efectuaron un ataque por sorpresa contra los puestos medio guarnecidos, y corriendo a través de las puertas, aún abiertas y por las que la guarnición acababa de salir para defender la Acradina, tuvieron pocos problemas para capturar una posición que había quedado abandonada tras la huida de sus defensores. Nadie tuvo menos ánimo para defender la plaza o mantener las posiciones que los desertores; ni siquiera confiaron en sus propios camaradas y huyeron en medio de los combates. Cuando Marcelo supo que Nasos se había tomado y que se había ocupado un distrito de la Acradina, y que Mérico con sus hombres se había unido a los romanos, ordenó que se tocara a retirada, pues temía que el tesoro real, cuya fama superaba a la realidad, pudiera caer en manos de los saqueadores."  (Liv. XXV 30)

4- El procónsul Publius Cornelius Scipio, que en el 205 había obtenido el consulado y la provincia de Sicilia con permiso para cruzar a África, aunque no se le dieron tropas adicionales más allá de la guarnición de Sicilia, reunió de los recursos de clientes y seguidores en Roma y entre las comunidades italianas, una fuerza de voluntarios de 30 buques de guerra y 7.000 hombres.
Durante mucho tiempo los romanos habían usado el servicio en la isla de Sicilia como castigo, de forma que su guarnición contaba con supervivientes de muchos de los mayores fracasos militares romanos, como la batalla de Cannæ (en el 216).  Scipio, que había servido en Cannæ, era muy consciente de que el infortunio de estos hombres fue por causas ajenas a ellos mismos.
Además, la guarnición de Sicilia también contaba con muchos de los soldados que habían participado en las campañas sicilianas de  Marcellus.
De estos hombres, hizo un ejército altamente motivado y con mucha experiencia para su invasión de África, convirtiendo la isla en un campo de entrenamiento.
En el 204 zarpó con sus tropas desde Lilibaeum, una ciudad en el extremo oeste de la isla, y desembarcó cerca de Utica, 40 kilómetros al nordeste de Cartago.
En el 202, con su victoria sobre Anibal en la batalla de Zama,  se puso fin a la segunda guerra púnica.

- Aunque se dice que la figura en el reverso de un lancero a caballo, de las monedas de Murgentia fue imitada, con ligeras modificaciones, en un diseño de Carlos Mingo, jefe de Grabado de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, para las monedas de cinco y diez céntimos de peseta en el primer franquismo (1940 a 1953), es más probable que el referente iconográfico de estas monedas sea en realidad el As provincial de Augusto, acuñado el la Colonia Vrbs Victris Osca (Huesca) entre los años 13 y 2 antes de nuestra era.



6 - El Macellum era un mercado en particular de las ciudades romanas: era un mercado especializado en la venta al por menor de carne y pescado, también era posible encontrar alimentos y verduras pre-empaquetadas "exóticas", o de otro modo no están disponibles.
Por lo general, se trataba de un edificio de planta cuadrada, que se encuentra en un lado del foro ciudadano  o cerca de él (o, al menos, en una calle principal), que se caracteriza por un patio interior y galerías abiertas, a menudo centralizada por un gran tholos , de un vivero para los peces o, más simplemente, una fuente (como en Jerash ). Bajo las arcadas fueron alojados tabernae minoristas.

7 - El bouleuterion es el edificio donde se reunía la boulé, el consejo, en las ciudades de la Antigua Grecia. En función del nombre específico de esta institución en las diferentes ciudades, podía llevar otro nombre. El bouleuterion en Morgantina es un edificio de planta rectangular situado al oeste del ágora de la ciudad. Fue fundada en el siglo tercero antes de Cristo, un periodo de gran prosperidad para Morgantina, que, desde el siglo quinto antes de Cristo en la que había adquirido un carácter profundamente Helénica.
Una explanada amurallada llevaba a través de una stoa, (un espacio arquitectónico cubierto, de planta rectangular alargada, conformado mediante una sucesión de columnas, pilares u otros soportes (columnata), y, en su caso, muros laterales.) a la entrada principal, situada en la pared este de la sala. Una subestructura rectangular soportó bancos de madera donde la asamblea se sentó para escuchar a los oradores. Contrafuertes de piedra, conectaban esta infraestructura, con el apoyo del muro sur.
Hoy en día sólo se conservan los cimientos y parte de la zona sur de la sala.

- Los siciliotas (en griego, Sikeliôtai) fueron un pueblo prerromano grecoparlante, que vivía en la parte siciliana de la Magna Grecia. Eran de origen dorio y se establecieron como colonos en Sicilia a partir del siglo VIII a. C. Fueron llamados así por los antiguos griegos para distinguirlos de las poblaciones autóctonas como los sicanos, sículos y élimos.
Inicialmente, los siciliotas se extendieron por las costas orientales y meridionales de la isla, dejando a los demás pueblos el interior. Sucesivamente, y hasta la conquista romana de Sicilia, colonizaron casi completamente la costa siciliana.
Durante la República romana y el Imperio romano, a los siciliotas se los consideraba descendientes de los colonos griegos, lo que les distinguía claramente de los habitantes no griegos del sur de Italia.

9 - Según Diodoro: En la segunda revuelta, conociendo bien el lider Salvio y los esclavistas, cual era el mayor bien que los esclavos valoraban, les prometieron la libertad, Salvio a los que se unieran con él y los escavistas a los que les ayudasen en la guerra. Tambien el proconsul hizo esta misma propuesta, pero no la cumplió y los esclavos de Morgantina se sumaron a Salvio (Diod. 36, 4, 8)  Salvio, después de la victoria en Morgantina sobre los romanos, llegó a tener una multitud considerable de partisanos que le permitieron doblar sus fuerzas.

10 - Caius Licinus Verres en el 74, mediante sobornos, se aseguró el pretorado. Obtuvo el gobierno propetoriano de la isla de Sicilia, una de las productoras de trigo más importantes para Roma y una provincia muy rica.
Los sicilianos eran en su mayor parte un pueblo próspero y feliz, pero bajo el gobierno de Verres, Sicilia experimentó la miseria y la desolación, un grado de miseria peor que durante la Primera Guerra Púnica o durante la reciente Segunda Guerra Servil.
Los cultivadores de trigo y los recaudadores de impuestos se arruinaron bajo impuestos exorbitantes e injustas cancelaciones de contratos.
Los templos y las casas privadas fueron saqueados por los agentes de Verres que robaron todas las obras de arte por las que el pretor sentía debilidad; los ciudadanos romanos fueron simplemente ignorados.
Durante la Tercera Guerra Servil contra Espartaco (del año 73 al año 71), usó ilegalmente el dinero de emergencia. Verres recogió a los esclavos de los terratenientes ricos de la isla y los acusó de establecer un complot para unirse a la revuelta de Espartaco. Condenó a los esclavos a muerte por crucifixión e insinuó a los terratenientes que quizá con un soborno razonable podrían liberarlos. A los terratenientes que apoyaron a los esclavos los acusó de unirse a la revuelta y los encerró en prisión hasta que pudieran pagar su libertad con un soborno.
Verres volvió a Roma en el 70 antes de nuestra era, y a su regreso, a petición de los sicilianos, Marco Tulio Cicerón le procesó por todas las atrocidades cometidas en la isla.


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FUENTES CONSULTADAS PARA LA REDACCIÓN:



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http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01826074327815152900035/025911.pdf?incr=1

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